Después de medio deshacer las maletas nos fuimos a dar un paseo y acabamos pateando el barrio chino de Amsterdam, la verdad es que no me gustó por dos motivos:
1- Infestado de turistas, casi no se podía andar.
2- Los patos y pollos asados que los negocios de comida china tenían colgados en el escaparate, la verdad es que no me daban muy buena impresión.
Esa noche nos fuimos a comer a un italiano que recomendaban en la guía que llevaba un amigo, y que quedaba cerca del hotel. El sitio estaba bien, era acogedor y no muy turístico, yo me tomé unos fideos con almejas, que no estaban nada mal, seguido de un tiramisú que estaba un pelín cargado, pero no me vino mal. Los camareros hablaban italiano, así que puede practicar un poco aunque luego nos enteremos de que eran marroquíes. Nuestro único error fue pedir una grappa (aguardiente italiano), ya que nos clavaron 5.5 € el chupito, pero bueno no dejamos propina. Al acabar la cena directos a cama ya que al día siguiente tenía la presentación y aún tenía que repasarla un poco.

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